Raúl en CELAC: No se nos puede tratar en Latinoamérica como en el pasado (+ Video)
3 Diciembre 2011
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Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente
de los Consejos de Estado y de Ministros, en la Cumbre de la Comunidad
de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) /
Caracas, Venezuela, 2
de diciembre de 2011, Año 53 de la Revolución
(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)
Compañero Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela;
Estimados Presidentes, Primeros Ministros y Jefes de delegaciones:
Saludamos, en primer lugar, al hermano pueblo venezolano y a la
Revolución bolivariana. Venezuela nos recibe hoy hospitalaria y
orgullosa, en el año que celebra el bicentenario de su independencia y
nos ofrece la oportunidad de reunir a los gobiernos de toda América
Latina y el Caribe.
Tenemos el privilegio de asistir a un acto fundacional de carácter
trascendental. Con las decisiones que aquí adoptamos y el trabajo
conjunto de los últimos tres años, reivindicamos más de dos siglos de
luchas y esperanzas. Llegar tan lejos nos ha costado esfuerzo, pero
también sangre y sacrificio.
Las metrópolis coloniales de antaño y las potencias imperiales de hoy
han sido enemigas de este empeño. Han intentado desafiar el ideario de
Simón Bolívar quien, con larga visión, sentenció: “La unidad de nuestros
pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto
del destino”.

Raúl en CELAC
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es nuestra obra más preciada. Simbólicamente, consolida el concepto de una región unida y soberana, comprometida con un destino común.
En términos estratégicos, nos brinda el instrumento político
requerido para aunar voluntades, respetar la diversidad, resolver
diferencias, cooperar por el bien de nuestros pueblos y solidarizarnos
los unos con los otros. Su éxito dependerá del carácter y la sabiduría de sus miembros, que somos las 33 naciones independientes situadas entre el Río Bravo y la Patagonia.
En la unidad en torno a la soberanía, el desarrollo y la equidad
estará nuestra fuerza y de ella dependerá la prosperidad con justicia de
los ciudadanos de esta vasta y rica región. No tenemos un ideario
plenamente homogéneo, ni coincidimos en todas las posiciones políticas.
Esa es parte de la realidad y con ella debemos trabajar en un clima de
respeto y cooperación.
Vivimos en una zona libre de armas nucleares,
privilegio que disfrutan muy pocas regiones del mundo. Es una
contribución fundamental a la causa de la humanidad por la eliminación
total de esta amenaza, que pone en peligro la supervivencia humana.
Debemos aspirar a declararnos también, un día no muy lejano, territorio libre de bases militares extranjeras, como aporte adicional a la identidad regional.
El patrimonio común de nuestras tierras y mares atesora una riqueza
natural extraordinaria que, utilizada de forma sostenible, con
responsabilidad y solidaridad, ofrece a las futuras generaciones las
bases de un porvenir de prosperidad y justicia. Contamos con una cultura
diversa e interrelacionada, con valores ancestrales autóctonos. Existe
un potencial técnico y científico de alto calibre e insuficientemente
aprovechado.
A pesar de todo esto y de índices de crecimiento económico no
despreciables, América Latina y el Caribe, con más de 20 millones de
kilómetros cuadrados de extensión territorial y más de 580 millones de
habitantes, avanza lentamente y no logra superar las deformaciones que obstaculizan su desarrollo.
Habitamos en la que se considera la región del mundo con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza. Junto
al reconocimiento de que hemos sobrellevado en mejores condiciones los
efectos de la crisis económica global, está la gran brecha que significa
la extrema concentración de la riqueza en pocas manos frente a la
inmensa pobreza de las mayorías.
La prosperidad de nuestra región depende de la solución de este
problema. Actualmente hay 180 millones de latinoamericanos y caribeños
pobres y, de ellos, 72 millones en extrema pobreza. Es una tragedia que
no tendrá solución incluso si cumpliéramos todos con los Objetivos de
Desarrollo del Milenio establecidos por las Naciones Unidas.
Hoy, la pobreza afecta a 81 millones de nuestros niños y unos 13
millones de ellos ni siquiera pueden acceder a una alimentación
adecuada, en una región que produce más nutrientes de los que necesita.
Esos niños son los acreedores del futuro de esta región. Nosotros, sus
deudores.
La reciente evolución económica de América Latina y el Caribe muestra
que, a pesar de la profunda crisis global, han crecido los ingresos por
exportaciones, principalmente de productos básicos; que la carga de la
deuda externa, aunque injusta y agobiante, ha sido menor, y que se ha
incrementado la acumulación de reservas. Este escenario nos brinda una
oportunidad si actuamos con responsabilidad y verdadero espíritu
solidario.
Y es con ese espíritu que debemos encarar la situación en Haití, que
representa una prueba para todos nosotros. América Latina y el Caribe
tienen una responsabilidad histórica y ética con esa república hermana,
la primera en independizarse del yugo colonial en nuestra región, donde
se produjo, dirigida por esclavos, la primera revolución victoriosa en
la historia de la humanidad. Haití requiere y merece que nos esforcemos
para contribuir, con aportes más sustantivos, a su reconstrucción y
desarrollo, y con estricto apego a la voluntad de su gobierno y a las
necesidades de su pueblo.

En nuestro caso, ya lo expresamos en la pasada Cumbre de Cancún, en
febrero del 2010, y lo ratificamos hoy: “la colaboración cubana y su
modesto esfuerzo permanecerán en Haití los años que sean necesarios, si
el Gobierno de esa nación así lo dispone. A nuestro país, férreamente
bloqueado, no le sobra ningún recurso, más bien le falta de todo, pero
está dispuesto a compartir su pobreza con los que tienen menos, en
primer lugar con quien hoy más lo necesita en el continente”.
Yo recuerdo en una ocasión que visité Ecuador, en una de esas tantas
reuniones internacionales en que hemos coincidido, que aproveché y
visité la Capilla del Hombre, fundada por ese magnífico pintor del
continente, Osvaldo Guayasamín, y me impresionó un letrero de un
pensamiento que no era de él -según me explicó su hijo mayor- y que
estaba en una de las paredes de tan importantísimo centro cultural e
histórico. Decía el letrero: “Cuando era niño, lloraba porque no tenía
zapatos, hasta que un día vi un niño que no tenía pies”. Quiere decir
que siempre, por muy difícil que sea la situación de un país, por muy
compleja y grande que sea nuestra pobreza, siempre hay alguien más pobre
que nosotros, siempre hay un niño sin pies y que no necesita zapatos.
Estimados colegas:
Hemos asumido el compromiso de oponernos con firmeza a todo intento
de desestabilización del orden constitucional en nuestros países.
No es una manifestación fortuita, sino de genuina respuesta al golpe
de Estado contra Venezuela del 2002 y luego la asonada petrolera, la
sedición en Santa Cruz en Bolivia, el golpe militar perpetrado en
Honduras, el intento de golpe en Ecuador y las constantes acciones de
desestabilización contra gobiernos legítimamente constituidos,
firmemente comprometidos con los reclamos de justicia social de sus
pueblos, defensores de la soberanía de sus países y expresiones de la
más limpia y efectiva democracia.
Se conoce la naturaleza y las motivaciones de quienes impulsan estos
ataques a la institucionalidad soberana y contra los derechos
constitucionales de los pueblos. Se sabe también que reciben el apoyo de
Estados Unidos y de algunos gobiernos europeos, así como la complicidad
de poderosas organizaciones privadas de la industria de la información y
la publicidad.
Recuerdo que en una reunión que sostuvimos en Nicaragua, en la
capital Managua, por los acontecimientos recientes similares sucedidos
en América Central, llamé la atención cuando hice uso de la palabra:
¡Qué casualidad que todos esos intentos han sido contra países del
ALBA!, y me viré para el presidente Correa, que estaba a mi izquierda, y
le dije: “El próximo serás tú”. Me puso cara de sorpresa, como
diciendo: “¿Pero por qué?”. Él mismo y todos ustedes conocen por qué.
Es la pugna entre mezquinos intereses oligárquicos, con apoyo del capital transnacional y los derechos legítimos de los pueblos. Sería un grave error desconocer que América Latina y el Caribe han cambiado, que no se nos puede tratar como en el pasado.
Nos ha costado trabajo enfrentar el lastre del colonialismo y el
neocolonialismo y debe esperarse una firme determinación regional de
defender la independencia duramente alcanzada. La Carta Bicentenaria que
hoy adoptamos debe asumirse como expresión de esa realidad.
Más allá de nuestro entorno regional, compartimos un mundo complejo y
convulso, en el que los pueblos se rebelan contra las injusticias -lo
que vemos en Europa, en otras regiones del mundo y en el propio Estados
Unidos con la población norteamericana lo demuestra-, las políticas
imperialistas de saqueo, la concentración de la riqueza, la corrupción y
el abuso del poder. Se trata de un fenómeno expresado particularmente
en el Norte de África, el Medio Oriente, casi toda Europa y
Norteamérica. Es expresión del colapso de despiadados modelos económicos
neoliberales ya conocidos y repudiados en nuestra región.
Es también un mundo en el que las grandes potencias violan el Derecho
Internacional, ejercen su dominación mediante el uso de la fuerza y
agreden a naciones soberanas al amparo de pretextos y manipulaciones.
En Libia, la OTAN ha cometido un crimen internacional que ahora amenaza convertirse en modelo. (Se escuchan explosiones de fuegos artificiales).
Esa es la guerra que está echando Chávez contra los mosquitos o no sé
contra qué (Chávez le dice que es un cohetazo en Caracas en homenaje a
la CELAC).
Para vergüenza de las Naciones Unidas, se ha bombardeado durante ocho
meses consecutivos a ciudades indefensas, masacrando civiles,
destruyendo servicios sociales, mutilando la infraestructura y llevando a
la condición de desplazados y refugiados a cientos de miles de
personas.
Para Cuba, no es noticia la actitud de Estados Unidos. Es la misma de
siempre. Llevamos enfrentando más de cinco décadas de hostilidad y
agresión. Sufrimos el bloqueo económico, comercial y financiero más
abarcador y duradero que se haya impuesto a país alguno. Nuestra región
lo sabe y no ha dejado de pronunciarse con firmeza, lo cual los cubanos
agradecemos a todos ustedes.
Voy a terminar leyendo un párrafo que lo puse, después lo quité, pero después de lo dicho por Chávez lo leeré.
Deseo agradecer a la reunión de Cancilleres del día de ayer, sus
generosos planteamientos sobre Cuba y la recomendación de una futura
presidencia cubana de la CELAC en el 2013. Iba a dejarlo para mañana o
después que ustedes, presidentes, primeros ministros y jefes de
delegaciones se manifestaran; pero Chávez, el presidente de Venezuela,
el país sede, aquí sacó acuerdos, me hizo votar a mí, yo estuve de
acuerdo, voté, y ahora interpreto… ya le pregunté a Correa si está de
acuerdo con ese tipo de votación, si se le cede a Cuba la celebración de
la próxima CELAC, después de Chile.
Les doy las gracias además, en este caso, no solo a los cancilleres
sino a todos los presidentes, primeros ministros y jefes de delegaciones
presentes.
Por fin, ¿cómo queda la cosa, Correa? Está de acuerdo, como diría Chávez, ¿no?
¿Están de acuerdo todos o retiro este párrafo? No quiero dar las
gracias y que después uno levante la mano y diga: no, no estoy de
acuerdo.
(Chávez afirma que estarán en Cuba en el 2013).
Bien, entonces lo mantenemos.
Muchas gracias a todos (Aplausos).
Reconocemos a Venezuela el inmenso esfuerzo desplegado para crear las
bases y organizar esta Cumbre, así como al liderazgo del presidente
Hugo Chávez Frías al conducirnos hasta aquí, hacia resultados tan
prometedores para el futuro de la región y su aporte a favor de la
integración y la unidad de América Latina y el Caribe.
En la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Cuba
trabajará con dedicación, altruismo y compromiso por la unidad de
nuestros pueblos, por un futuro de paz y justicia social, y por el
empeño irrenunciable de consolidar la plena independencia de lo que José
Martí definió para el porvenir como “Nuestra América”.
Muchas gracias (Aplausos).
Discurso de Raul en 2 Partes:
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